La mayoría de las empresas importadoras dicen lo mismo:
“Tenemos buen forwarder.”
Y, sin embargo, pagan de más, viven apagando fuegos y sienten que su operación internacional nunca está del todo bajo control.
La conclusión habitual es equivocada: creen que el problema es el proveedor.
La realidad es más incómoda.
El problema casi nunca es el forwarder.
El problema es el diseño del sistema.
Cuando todo funciona… hasta que deja de funcionar
Un forwarder puede mover carga.
Un agente aduanal puede despachar.
Un banco puede financiar.
Pero cuando cada uno opera por su cuenta, sin una dirección clara, el resultado no es eficiencia: es dependencia fragmentada.
Cada proveedor optimiza su parte.
Nadie optimiza el todo.
Y cuando nadie diseña el sistema completo, el costo aparece en forma de:
– sobreprecios normalizados
– tiempos que “siempre han sido así”
– decisiones reactivas
– riesgos que solo se ven cuando ya explotaron
El error más caro: confundir operación con estrategia
Muchas decisiones que parecen operativas son, en realidad, financieras:
– qué Incoterm usar
– con quién negociar volumen
– cuánta visibilidad real tienes del costo total
– quién decide cuándo cambiar de proveedor
Cuando estas decisiones se toman por inercia o comodidad, el negocio pierde margen sin darse cuenta.
No por errores graves.
Por diseño deficiente.
El forwarder como termómetro, no como cerebro
Un forwarder no está diseñado para pensar por tu empresa.
Está diseñado para ejecutar.
Cuando el forwarder se convierte en el centro de las decisiones, la empresa deja de controlar su comercio exterior y empieza a reaccionar.
Eso no es culpa del forwarder.
Es una omisión de la empresa.
La pregunta correcta
La pregunta no es:
“¿Tenemos un buen forwarder?”
La pregunta correcta es:
“¿Quién está diseñando y supervisando nuestro comercio exterior como sistema?”
Si la respuesta es “nadie”, entonces el problema ya está identificado.
Dirección antes que proveedores
Las empresas que escalan bien no dependen de un proveedor.
Dependen de un modelo.
Un modelo donde:
– los proveedores son intercambiables
– los costos son visibles
– las decisiones son intencionales
– el control no se delega
Primero se diseña la estrategia.
Luego se eligen los operadores.
Nunca al revés.
Conclusión
El comercio exterior no falla por falta de proveedores.
Falla por falta de dirección.
Y la dirección, a diferencia del flete, no se improvisa.
Nota: Este artículo no es una crítica a los forwarders. Es una advertencia para las empresas que han confundido ejecución con control.
Si este texto te hizo ruido, probablemente tu operación no está mal… solo está mal diseñada.